viernes, 30 de enero de 2015

Apatía literaria

Porque carezco de simpatía por la escritura desde hace ya varios meses, y esa apatía me preocupa, pues es mi alma, entonces, la que no quiere hablar...
Seguramente se siente tan cómoda, reconfortada , que el silencio le es lo mas importante, el sueño eterno, la soledad tranquila... No Sé... 
Llevo varios días, quizá semanas, que no dejo de pensar en retomar mi pasión: la escritura, la lectura. Pero no llega mi deseo a materializarse por la inmunda excusa de falta de tiempo y cansancio. Una pena.
Hoy en cambio, me he obligado a sentarme frente a mi pereza, y plantarle cara, aunque solo sea para escribir estas mínimas líneas que, quizá, despierten en mí esa gana por plasmar mis pensamientos de nuevo...




miércoles, 11 de junio de 2014

APATÍA




Apatía se encontraba sentada frente al río, observando sus corrientes. No sentía nada, sólo observaba los movimientos, y no había nada que le llamara la atención en las aguas. Con lo único que pasaba el tiempo era observando y mirando, sin un ápice de nada... 
Llevaba días, quizá semanas, sin hacer otra cosa, sólo mirar y mirar y sin despertar, ni tampoco estar dormida... Sólo latente...
Ya ni siquiera se preguntaba los motivos de su auténtica dejadez... Sólo se dejaba llevar por las horas, los días... 
Casualmente, y mientras estaba sentada allí, pasó su antiquísima amiga energía. Tan sonriente como siempre, y con un aura que reflejaba alegría, entusiasmo y nerviosismo. Al cruzarse sus miradas, energía, muy potentemente le preguntó por su soledad constante, a lo que Apatía respondió: siempre soy así. energía, no hay nada ni nadie que pueda hacerme cambiar... Acuérdate que le hago honor a mi nombre... 
Energía normalmente acusaba al resto de sus defectos, y no dejaba pasar conductas como la que Apatía solía tener...
Después de una larga conversación, Apatía desistió de discutir con Energía, y simplemente asentía a todas las cosas que ella quería enseñarle, decirle...
Ay sí pudiera ser como ella! Tan feliz, tan enérgica, tan positiva, tan luchadora... Pero en su naturaleza, estas palabras no entraban por y para su manera de vivir... 
Por otro lado, Energía, envidiaba el poder tomarse las cosas, los sucesos, sin tanto ímpetu... Pero en su propia naturaleza no había cabida, tampoco, al desaire, a la monotonía, ni tampoco al pasotismo...

Quedaron de acuerdo en tratar de mezclar sus maneras, y así poder conseguir el equilibrio que tanto buscaban, tanto la una como la otra...

MORALEJA:
Cuando eres, o te sientes de determinada manera, tendríamos que saber mezclar las maneras, y poder quedarnos con la mezcla de las actitudes que nos gusten...

martes, 21 de enero de 2014

APRENDIENDO A APRENDER




Aprendiendo a aprender... Porque es ahora el momento idóneo para hacerlo...
No sólo necesito seguir aprendiendo cada día de la vida, si no que es absolutamente necesario que no me olvide que, a cada paso que doy, vienen todas esas enseñanzas que necesito y que son necesarias para seguir labrando mi futuro, que no es otro que el que decida.
Aprendiendo que cada día se aprende.
No sólo de las cosas malas que la vida nos pone en el camino, si no de toda aquella experiencia que sirva como profesor.
Cada segundo de tiempo es único para eso, para seguir aprendiendo. Y veo en mis gestos que lo hago, aunque en ocasiones mis pensamientos de disipen como sí no valieran, no teniendo valor. Pero se ralentiza mi alma al saber que debo tomarme unos minutos diarios para seguir aprendiendo y no dejarme embaucar por pensamientos negativos o que me dejen paralizada.
Necesito no obviar que mi aprendizaje es diario, y no tirar la toalla por cualquier cosa, o por cualquier circunstancia.
Llena de valor sigo, aunque en ocasiones me sienta débil, y piense que nada vale la pena, en realidad no es así... Son sólo aprendizajes de nuevo.
Aprendiendo a aprender, y no olvidar que ni quienes me hacen daño, y a quien le puedo hacer yo, sin intención...
Porque mi balanza oscila de lado a lado, y ese equilibrio es necesario para seguir caminando.
Sólo quiero seguir aprendiendo a aprender, y tenerlo claro. Ese será mi truco para seguir viviendo esta grata experiencia que no es otra que... LA VIDA 

sábado, 21 de diciembre de 2013

PENA







Es difícil reconocerse a uno mismo los sentimientos que realmente tienes o sientes sobre tu persona...Necesario meditar un poco sobre ello y ver qué es realmente lo que ves de ti...
Hoy me siento a pensar, y vorazmente el sentimiento que tengo es de PENA... Sí, siento pena de mi misma, de las cosas que hago mal, de lo poco que sé hacer, de la carencia total de auto estima... Tantas cosas que siento y veo que son así... Una pena, siento pena de mí...
No me puedo quejar sobre la vida que tengo... O mejor dicho, de la vida que me dan, que me regalan... Sería muy injusta, y ese no es precisamente mi defecto. Me quejo de mi misma... De lo valiente que he sido para muchas cosas y de la cobardía para conmigo que en la actualidad tengo... Una cobardía que desconocía, y que ahora me tiene atrapada sin salida. Esa cobardía se llama desesperación y frustración por no saber comportarme al gusto de la persona que quiero, y por no poder resolver mi vida de una manera auto suficiente como he hecho hasta ahora...
La verdadera injusticia conmigo es que me siento atrapada en mi mente, en mi cuerpo, en mi alma... Atrapada pues no estoy acostumbrada a ser dependiente... Dependo de todos para todo, y eso es difícil.
Las mañanas sola, pensando...
Las tardes sola, pensando...
Los pensamientos inocuos que me llevan a decir y actuar de una manera muy diferente a todo lo que quisiera... Siento impotencia conmigo misma... Impotencia, agresividad, rabia, frustración, melancolía, desesperación, asco...
Pero sobre todo siento pena... Pena de ser quien soy...
Pena de tener que reprimir mis instintos...
Pena de cambiar a cada instante mis moléculas por complacer, y que me tachen de egoísta...
Pena de mi misma...
Siento pena de sentir pena...


viernes, 8 de noviembre de 2013

SIRENA TRISTE



La sirena sólo miraba a su alrededor y no veía el mar por ningún sitio.
Decidió unos meses atrás, cambiar su larga cola roja, por unas piernas que le permitían caminar por la gran ciudad a la que se había trasladado. Se convenció que sería lo mejor, pues ya era hora de experimentar una vida fuera de su hábitat natural... Y así lo hizo.
No pocas mañanas se preguntaba sí había sido una buena decisión; y la respuesta era siempre la misma: sí. 
La sirena era terca por naturaleza, y en su vida hasta hacía poco tiempo, no practicaba el arrepentimiento, y seguía adelante con sus decisiones. Es por esta razón que, seguramente se auto convencía de que su acción había sido la mejor que podía haber tomado... Pero echaba de menos el mar... Cabalgar olas violentas o suaves. Visitar a sus amigas las caracolas, y desplazarse a lo largo y ancho de esas aguas cristalinas que le daban la vida.
Ahora el agua más cercana la tenía a cientos de kilómetros, y se sentía algo atrapada. 
Los ciudadanos no eran los más simpáticos, y muchas veces pareciera que hablaban idiomas diferentes, y no en pocas ocasiones se encontraba envuelta en discusiones que no entendía, o que no tenían ningún sentido. 
También sentía soledad, frustración, poca armonía... 
No había adrenalina en su vida. 
No había libertad para nadar sin barreras.
Las piernas le aportaron responsabilidades que ya tuvo hacia años, y que fueron las culpables de que su cola creciera y se fuera a vivir al mar...
Ahora se encontraba en la misma situación, aunque en diferente escenario, con diferentes personajes y con nuevas experiencias que, por supuesto, eran reconfortantes y positivas.
Pensaba constantemente que por algo sería, por algún motivo que aún desconocía, tenía que estar exactamente en el lugar donde estaba. 
Nostalgia también le acompañaba en ocasiones, como compañero inseparable.
Incluso las lágrimas aparecían por sus mejillas y se deslizaban como sí nada, por su cara...
Ya la cabellera le estaba creciendo en abundancia como un acto inconsciente de señal para volver al mar...
Confusión, melancolía, indecisión y baja autoestima estaban ya colgadas como medallas...
La sirena necesitaba tener respuestas cuanto antes, y saber más sobre lo que acontecería, y no lo conseguía. Solamente tenía que seguir esperando y viviendo lo que había decidido, sin rechistar, sin queja, sin nada... Porque era ese su más preciado tesoro, el saber que no tenía nada, y que todo lo que ocurriera, sería por la toma de decisiones que debía acatar...

jueves, 24 de octubre de 2013

HUMILDAD








Ser humilde no es otra cosa que la carencia de soberbia; es decir, no pretender llevar siempre la razón, o creerse que todo lo que uno hace es lo correcto, lo que está bien hecho, sin importar el pensamiento, acción o sentimiento de la otra u otras persona/s.
No en pocas ocasiones me podría describir como una persona con soberbia, y con un carácter implacable. Al igual que que, no en pocas ocasiones, puedo mostrar mi cara más humilde. Sólo dependerá de qué me transmita o me haga sentir la persona con la que estoy debatiendo.
Lo cierto es que ninguno podríamos describirnos como humildes o no humildes, todo dependerá del tema, la situación, las maneras, las formas, y por supuesto, la persona con la que estamos discutiendo. Hay veces que la persona más humilde pueda pensar y reaccionar de una manera más fuerte, y creamos que tiene "doble cara", y no tiene por qué ser así, de esa forma... A veces, perdemos la razón por los tonos, las circunstancias... Y se nos olvida nuestra esencia, que es, en realidad, lo que más debe importarnos... Pero lamentablemente todo nos afecta, somos simplemente humanos. Humanos con sentimientos, reacciones, químicos, actitudes... Es sólo lo que somos; independientemente de lo que queramos demostrar... 
A veces simplemente queremos hacer daño de una manera consciente o inconsciente, y lo conseguimos. Y ya cuando el daño está hecho, es cuando nos damos cuenta de que podría haber sido de otra forma, o nos gustaría volver el tiempo atrás. Algo que no se puede conseguir, al no ser que vivamos en una película de esas de Hollywood, donde todo es posible.... La realidad es muy diferente a la ficción... Aunque ésta, a veces, la supere con creces.
La cuestión es que la humildad es una gran virtud que no debemos dejar pasar por alto, y que debemos conservar como algo único, especial, e intocable. 

martes, 3 de septiembre de 2013

Candelabro


Tumbada sobre sus propios pensamientos, se derrite la cera del candelabro imaginario de la mesita de noche, que quita el sueño.
No hay fantasmas, sólo los que la imaginación pueda hacer aparecer, sólo existe una gran profundidad entre la realidad y lo que los infortunados caminos deparen a la aventura, no hay más.
No existe una realidad total como tal, sólo la constancia de una creencia arraigada por creerse superior, o quizá inferior, nunca se sabe...
Vigilante la mirada fija en el candelabro que no deja de escupir cera y cera; una cera inexistente pues no hay velas que rellenen los huecos posibles. 
Tan así es, que el candelabro siente un vacío, un profundo desarraigo y tristeza que no le permite poseer de nuevo una bonita vela que le inunde de calor, de llamas, de pasión... No hay espacio porque está mucho más que confundido; ya no sabe si quiere seguir cargando luz, o prefiere morir en una oscuridad latente, poco a poco, sin compasión, en su soledad, no sabe. Y esto es aún más difícil, si cabe.
Tantas llamas pasaron ya por su estructura, tantas, que ya no se sorprende por la intensidad que le quieran mostrar; al fin y al cabo una vez consumida su corta y breve vida, se apagan, mueren, sin pedir permiso, sin preguntar sí está dispuesto a despedirse de nuevo. No en pocas ocasiones se siente utilizado, abandonado.
Colocado muy particularmente en su majestuosa mesa, se permite durante décadas ser el soporte de la luz tan romántica o necesaria según la ocasión; y ya se siente abatido. Abatimiento por no saber retener la luz por la que vive, por la que fue creado. 
Todas las velas mueren en el intento de quedarse a su lado, pero siente que las consume con rapidez, y esto le aflige.
No puede dejar de ser su soporte, para ello fue creado... 
No sólo en su interior retiene restos de las ceras ya consumidas, también el recuerdo de no haber podido hacer que la llama no se fundiera y acabara...